¿Es realmente una persona que abre Amazon y compra 50 del tirón, un coleccionista de vinilos? ¿O simplemente es un tipo con 50 vinilos en su estantería?
Cuando revisé el armario de casa junto a mi padre para ver cuál podía ser el hilo musical de nuestra última cena de fin de año, me asombraba la capacidad de retención que tenía para todo lo relacionado al origen de sus CDs. Una persona con nulo talento en todo lo referente a memorizar (puedo confirmarlo, dado que, tristemente, lo he heredado), hablando conmigo sobre lo que fue el fenómeno “Live Forever” cuando fue a Wolverhampton en el verano del 94, de cuáles de sus discos los había comprado en qué tienda de Londres o en cuál de Vigo. Tenía una historia para todos, y prácticamente toda su historia estaba en ellos: mi padre era capaz de contar amplias partes de su vida a partir de su colección de CDs.
Es inevitable que esto se pierda desde el nacimiento de las grandes cadenas de “cultura” o las multinacionales de comercio electrónico. Es todo más sencillo, ¿no?, ¿Quieres algo? ¿Algo llama tu atención o te genera entusiasmo? En un máximo de 36 horas lo tienes en la puerta de tu casa.
Esta es la norma a día de hoy, y creo que puede servir, ser cómodo o tener sentido para tu funda de móvil, o para el nuevo ratón de tu ordenador, pero si de verdad quieres considerarte “coleccionista” igual deberías esforzarte un poco más, porque si no generas ningún vínculo ni recuerdo con el objeto que añades a tu colección ¿Estás coleccionando o estás acumulando?
La propia definición de coleccionista habla de que para poder ser considerado como tal, uno debe dedicar parte de su tiempo a conseguir las piezas que desea, y que lograrlo suele generar satisfacción. Entonces, teniendo en cuenta las comodidades de las que ahora disponemos, ¿Solo se pueden crear vínculos con los objetos que poseemos pasando de ellas? ¿Es complicarse la única manera de que aquello que decora nuestras habitaciones y llena nuestros muebles tenga una verdadera importancia para nosotros? No digo que debamos vivir en siglo pasado, pero ¿Dónde está la gracia de reunir artículos de una misma categoría si los conseguimos a golpe de click? Para mí toda la importancia la tiene el camino, la búsqueda y la obsesión hasta que por fin, removiendo en algún estante de alguna tienda de algún barrio céntrico de alguna ciudad, encuentras ante tus ojos el santo grial.
Yo tengo 12 vinilos. He escuchado 600 discos, pero tengo 12 vinilos. Puedo considerar que al menos 50 de ellos me encantan, pero tengo 12 vinilos. Si hiciera un top 12 de discos que más me gustan, seguramente entrarían tan solo dos o tres de esos 12 vinilos. Pero tengo esos 12 vinilos y no tengo otros. ¿Por qué tengo esos 12 vinilos y no tengo otros? Ahí es donde le encuentro el sentido a llamarle colección, son los que he podido tener, los que me he encontrado, no solo los que he querido.
Uno de ellos, de los que más me gustaron el año pasado, me tuvo ensimismado durante meses pero no consideré la opción de comprarlo en físico hasta que, en un evento del artista, me lo ofreció en mano, se lo pagué por Bizum, me lo firmó y charlamos sobre él.
Esa es la historia que le podré contar a mi hijo cuando nos toque elegir hilo musical de la cena de algún fin de año, y es el tipo de recuerdos que me permiten afirmar que yo no tengo: yo colecciono vinilos, y son los 12 objetos más preciados de mi habitación.